Decoración maximalista para bodas
- Alexandra Ramirez
- 25 abr
- 2 Min. de lectura

Después de años en los que el minimalismo dominó las tendencias con sus colores neutros, líneas simples y esa insistencia en que “menos es más”, algo está cambiando. Hay un regreso triunfal del glamour, del drama, de lo grandioso. Sí, amigas: ha vuelto el maximalismo, y viene con todo. Y no hablamos solo de decoración recargada, sino de una estética que celebra el exceso con estilo, elegancia y, sobre todo, mucha personalidad.
Así que si eres de los que aman los candelabros gigantes, los arreglos florales en cascada, los colores intensos y las texturas que no tienen miedo de mezclarse… ¡este es tu momento de brillar!
Candelabros que roban miradas
Nada dice más clara la palabra “glamour” como un buen candelabro. Pero en la decoración maximalista, no basta con uno discreto en el centro de la sala. No, señor. Aquí hablamos de candelabros enormes, colgantes, con cristales que reflejan la luz como si cada rincón de la fiesta estuviera listo para recibir a una reina.
Los hay clásicos, dorados, tipo castillo encantado, o más modernos con formas escultóricas y toques metálicos. Se pueden usar en interiores o incluso al aire libre, colgando de árboles o estructuras decorativas. Lo importante es que aporten ese “wow factor” que hace que todos levanten la vista y digan: “¡Qué espectacular!”
Arreglos florales que desafían la gravedad
En esta tendencia los centros de mesa no son modestos ramilletes. Son obras de arte botánicas: arreglos en cascada, colgantes del techo, que caen desde arcos o que rodean escaleras enteras. Flores exóticas, hojas grandes, ramas retorcidas… todo vale mientras sea impactante.
Los tonos vivos son bienvenidos: fucsias, morados, naranjas, rojos pasión. Las flores no son complemento, son protagonistas. Y no hay límite para su presencia: pueden estar en el altar, en los pasillos, en el techo o incluso en rincones inesperados como baños o estaciones de comida.
Colores vibrantes para la decoración
El minimalismo nos acostumbró al blanco, beige y gris, pero el maximalismo dice: “¡Que vivan los colores!”. Y no solo uno. Aquí se trata de combinaciones osadas, paletas llenas de energía y contrastes jugados. Azul con dorado, rosa con rojo, verde esmeralda con naranja quemado. El objetivo es transmitir emoción, alegría y carácter.
Además, el color se puede llevar más allá de las flores: manteles estampados, copas de cristal teñido, vajilla decorada, servilletas llamativas y hasta mobiliario en tonos intensos. Todo ayuda a construir una atmósfera única y memorable.
Texturas que deslumbran aunque parezca que no combinan
En este estilo, las texturas no se pelean, se mezclan. Terciopelo con encaje, madera con mármol, vidrio con metal. Lo importante es que haya contraste, capas visuales, detalles que inviten a mirar más de una vez.
Una mesa puede tener mantelería de lino, cubiertos dorados, platos con borde barroco y sillas tapizadas en terciopelo color vino. ¿Demasiado? Para el maximalismo, nunca. El resultado puede ser una experiencia sensorial donde cada elemento aporta su encanto.
Esta tendencia sin duda es para quienes no temen destacar, quienes disfrutan los detalles, y quienes creen que una celebración puede (y debe) ser inolvidable. Si eres de esas personas que siempre piensan “y si le agregamos esto también…”, entonces este estilo es para ti.
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